1 - El mejor día de tu vida... ¡o no!

"El día que nació fue tan maravilloso...". Eso es cierto para algunos padres, pero no para todos. Y no pasa nada. Tienes toda una vida para estar con tu hijo. No te presiones.

2 - Una conexión más o menos evidente

El vínculo entre un recién nacido y sus padres es mágico, pero no necesariamente inmediato. No te culpes. No tienes nada que reprocharte. Tómate el tiempo que necesites para aceptar este nuevo papel y conocer a este pequeño ser, que por el momento sigue siendo una incógnita. La indulgencia y la paciencia serán tus mejores aliadas.

3 - Tic tac... el tiempo vuela

Ah, todos esos tiempos previos al bebé en los que decíamos: "¡No tengo tiempo!". ¿Cómo nos atrevíamos, verdad? Ahora que tenemos derecho, el tiempo vuela aún más rápido. La prueba es que nuestro bebé crece tan rápido que a veces sólo queremos pulsar la pausa.

4 - Dejarse llevar

Los niños tienen su propia agenda y no siempre hacen caso de tus obligaciones como adulto. Los horarios rara vez se ajustan a lo previsto. Hay que reconocer que, gracias a ellos, aprendemos a adaptarnos y a aceptar que no podemos controlarlo todo.

5 - Una lección al día

Le sorprenderá la sabiduría y la amplitud de miras de los niños. Nos impresionan por su inocencia, su curiosidad, su infalible ligereza y su asombro ante las cosas sencillas. Son un soplo de aire fresco y una inspiración diaria.

@blakealexiss
@simplicite_ici por @oliver.fritze para @milk_magazine

6 - Fuerza y nuevos bríos

Puede que sienta aprensión ante la vida de padre y todo lo que conlleva: el parto, el posparto, el cansancio, la educación, la vuelta al trabajo... Es normal. Pero pronto se dará cuenta de que tanto el cuerpo como la mente tienen la capacidad de superar los obstáculos y transformarlos en energía. De hecho, no es raro que la maternidad revele el alma de una emprendedora, por ejemplo, o que inspire nuevos proyectos de vida que antes parecían impensables.

7 - Fatiga intensa

Aunque usted daría lo que fuera por dormir 8 horas, su hijo no lo consigue. El cansancio puede convertirse rápidamente en tu peor enemigo. Te impide dar un paso atrás y a menudo te priva de lucidez. El truco, si tienes la oportunidad, es dormir cuando duerme tu bebé... o echar una cabezadita tú misma. Anímate. 

8 - Estás impaciente por volver al trabajo

Si tiene miedo de volver al trabajo, descubrirá que en realidad es beneficioso. Volver a tener una estructura, un marco, unos compañeros y realizar otras tareas suele hacer mucho bien. Y el reencuentro con el bebé será mucho mejor. Por supuesto, algunos padres vuelven al trabajo con el corazón encogido y, una vez más, nada sale mal. A cada uno lo suyo, y a cada uno lo suyo. 

9 - ¡Silencio en la casa, tonterías en el horizonte!

Si la casa parece tranquila, al principio es agradable... luego resulta sospechoso. La ausencia de llantos, los ruidos de los juguetes o los pequeños pasos suelen ser sinónimo de travesuras. Mantén los ojos y los oídos bien abiertos...

10 - Dejar de comparar

El nacimiento del primer hijo trae consigo una avalancha de felicitaciones, alegría... y consejos no solicitados. A menudo benévolos, pero sobre todo intrusivos, filtra lo que te dicen. Los que te rodean tienden a olvidar que cada bebé es único y que no hay una única manera de hacer las cosas. La culpa y la comparación no tienen sentido, sobre todo en la era de las redes sociales. No olvides que es fácil grabar tu bonita cuna KUMI y ocultar el desorden del fondo.

Al final, si hay algo que hay que recordar es que la paternidad te lleva inevitablemente a cuestionarte a ti mismo, a descubrir cosas nuevas, a exigirte más. Es una aventura única, estimulante y agotadora. Un amor incondicional que no se puede enseñar, pero que te enseñará mucho sobre ti mismo.